por Rodrigo Peralta

San Antonio, la ciudad con el puerto que mueve más carga en Chile, tiene un alcalde que da asco. Yo no vivo en San Antonio, pero sí dentro de la provincia que lleva su nombre. San Antonio es la capital de nuestro reino, y por eso lo que pase allá, afecta también acá.

Vera es un personaje de edad indefinible (probablemente en la sesentena.) Su cabellera es blanca y su dentadura también es blanca (la que resplandece hoy de manera algo sospechosa.) En su tarjeta figura una militancia PRSD (lo que quiere decir muy poco, o nada.) El tipo lleva muchísimo tiempo como alcalde (una docena de años, de hecho.) A mediados del año pasado, cuando iba por su tercera reelección, la prensa local publicaba fotos suyas en tenida de jogging, sonriente el veterano, con el anunciado: “Vera compite solo.” Era para no creérselo. Pese a que la autoridad del sujeto no alcanza mis pagos, el puerto el tío Roberto, de Ramón Aguilera, bien se merecía ya otra cosa. Asomándose a tierra derecha, se levantaron un par de contrincantes que hicieron que la arremetida victoriosa de Vera fuera finalmente algo más reñida que lo que se anticipaba al principio.

La performance en el último tramo de su anterior período ya había dado suficientes muestras de agusanamiento como para haber esperado una reacción más coordinada y decidida por parte de la comunidad sanantonina, a la manera de su hermano/rival Valparaíso, sin ir más lejos. Pero no. Vera se sentó orondo por cuarta vez en el sillón edilicio. Pero, ya en la antesala de las elecciones de 2016, el canoso PRSD acumulaba sobrados antecedentes para haber sido sacado de la órbita del control municipal del puerto.

Haré un repaso. No completo, por cierto –no quiero aburrir-, pero de sobra contundente. Que cada cual evalúe.

MALL DE SAN ANTONIO: En abril del 2015, Contraloría emitió un contundente informe corroborando que el mall del puerto, que muchos indican como el más feo de Chile, había sido construido, además, en forma ilegal. Sin embargo, Vera negó tozudamente ante la prensa que hubieran existido irregularidades en los permisos de construcción entregados por el municipio, desestimando lo dictaminado por el máximo ente fiscalizador a nivel nacional. Las destempladas declaraciones de Vera provocaron que el arquitecto Patricio Herman, presidente de la fundación Defendamos la Ciudad (quien precisamente había presentado meses antes la denuncia ante Contraloría), tildara al edil de ser “un señor que no entiende nada.”

MURAL VÍCTIMAS DE LA DICTADURA: En septiembre del 2015, el nombre de Vera volvió a alcanzar resonancia nacional cuando amenazó con borrar un mural que miembros de una agrupación de DDHH habían pintado en un muro de un recinto municipal por considerarlo “muy violento”. Todo porque el trabajo en cuestión incluía el motivo de cuatro figuras -algunas femeninas, embarazadas y con el torso descubierto- siendo apuntadas con fusiles por parte de militares, recreando, sin más, lo que varias integrantes de dicha agrupación habían vivido en carne propia durante los primeros años de la dictadura militar en un centro de tortura y represión ubicado en la cercana comuna de Santo Domingo. Solo la reacción decidida de los miembros de la agrupación, que activaron una campaña incluso a nivel internacional, impidió que Vera concretara su primera intención.

CONDENA DE JOSÉ MIGUEL CARRASCO: En marzo del 2016, tras conocerse la sentencia que dictó la justicia contra José Miguel Carrasco, ex – alcalde de El Quisco, por el mayor fraude al fisco del último tiempo, Vera fue de las pocas –sino la única- figuras del mundo político que trató de defender lo indefendible: lamentó la situación de Carrasco y declaró que malos “asesoramientos” habrían empujado a su ex colega a armar toda la plataforma de engaño y defraudación de sobra comprobada por la justicia.

CICLOVÍA DE SAN ANTONIO

San Antonio, una ciudad con más de 100 mil habitantes, no cuenta con ciclovías, ni una sola. Cansados de esperar, miembros de una agrupación de ciclistas decidieron realizar ellos mismos, con sus propios recursos, lo que la municipalidad ha sido incapaz de resolver en años. Fue así como durante una fría noche de junio de 2016, se pusieron manos a la obra pintando el trazado de la ansiada ciclovía en la céntrica avenida Barros Luco del puerto. Alcanzaron a avanzar dos cuadras antes de que Carabineros interviniera y los multara. Al día siguiente, a primera hora, Vera lamentó la situación, ordenó borrar cuanto antes lo pintado y, sin que se le moviera un pelo de su alba cabellera, aclaró, ante el desconcierto de ciclistas y vecinos, que el proyecto de ciclovía en el que trabaja el municipio era de “bastante envergadura y complejo” y “que no se hace de la noche a la mañana.” Todo para referirse a un proyecto que se tramita a nivel municipal desde ¡2011! En febrero del 2013, ya se habían adjudicado 62 millones de pesos para la realización del estudio de prefactibilidad. El decreto firmado por el mismo Vera señalaba un plazo de 210 días para su entrega. Pasados más de 3 años, nadie sabía nada del estudio. Curiosamente, a los pocos días de la intervención callejera de los vecinos, Vera emitió un comunicado anunciando que el municipio había, al fin, recibido el “trabajo hecho” ¡el viernes 24 de junio, es decir, más de mil días después de firmado el decreto de adjudicación! Anunciaba además que su proyecto de ciclovía contemplaba ahora una inversión por más del doble de la cifra manejada hasta entonces: de 3.500 millones saltaba sin anestesia a 7.500, para construir los mismos 8,6 kilómetros del proyecto original. Algo no cuadraba. Y todavía sigue no cuadrando. Mientras, de ciclovía, ni rastro.

Hoy Vera hace noticia porque decide rendir homenaje al centro de detención, tortura y muerte más importante de los primeros años de la dictadura de Pinochet, el regimiento de Tejas Verdes. Empatados los votos en el concejo, el canoso dirime a favor de condecorar el estandarte de ese punto infecto del mapa de nuestra provincia. Muy en su estilo, se escuda esgrimiendo que se trata de un acto cívico-militar que se enmarca en las celebraciones de los 200 años de la batalla de Chacabuco. A estas alturas, Vera está demasiado seguro que los sanantoninos, al menos una amplia mayoría de ellos, son todos unos tarados.

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